Año III N° IV - ISSN No.:1540-4471
   
  CHARLAS LITERARIAS  

Ramos Mejía y el Rosismo
 

En otro artículo (ver artículo) de esta misma sección hablamos del discurso médico como dispositivo político durante el gobierno de Porfirio Díaz en México, a cargo de uno de sus hombres más influyentes, Gabino Barreda. Hoy, hablaremos de la incidencia del discurso médico en la Argentina, en relación a la figura de Juan Manuel de Rosas.  

Nuestro autor estrella, esta vez será José María Ramos Mejía; quien nació y murió en Buenos Aires (1849-1914); en 1879 se doctoró en medicina, fue promotor, creador y primer director de la Asistencia Pública en 1882, a la vez que profesor titular de la Cátedra de Enfermedades Nerviosas y Mentales en la Facultad de Medicina. Diputado Nacional; Presidente del Departamento Nacional de Higiene y Presidente del Consejo Nacional de Educación; fue autor de varios libros, entre los que se destacan “Las neurosis de los hombres célebres de la historia argentina” (1878); “La locura en la historia” (1895); “Las multitudes argentinas” (1899); y el libro del que nos ocuparemos hoy aquí, su obra capital, “Rosas y su tiempo” (1907). 

Ezequiel Vinacour
Editor Asociado
Informedica Journal.

Ramos Mejía, miembro de una familia de tradición unitaria, hombre de la elite ilustrada por excelencia, positivista conspicuo, respetado por toda la intelectualidad progresista y considerado uno de los hombres más sabios de América, decidió narrar al final de su vida, una historia del período rosista (1835-1852). Recordemos que éste período representó la primer tiranía civil argentina, como el primer modelo de gobierno exitoso en el Río de la Plata; el período en el que Rosas gobernó al país desde la provincia de Buenos Aires, fue un período marcado por la sangre y la persecución sistemática de la disidencia; la intolerancia y la concentración de las fuerzas sociales sobre la figura del soldado por sobre la del hombre de letras, hizo del período un infierno para aquellos entre los cuales Ramos Mejía se sentía parte natural. Su mismo padre, Matías Ramos Mejía, fue uno de los iniciadores de la denominada Revolución del Sud de la provincia de Buenos Aires en el año 1839; y ayudante de campo del general Juan Lavalle durante la campaña contra los ejércitos de Rosas en las provincias de La Rioja, Tucumán y Córdoba, en 1840 y 1841. Es decir, su padre fue soldado en la guerra material contra la voluntad belicosa del tirano. El hijo, por otro lado, en otro momento de la historia, ya no se propondrá combatir contra la figura de Rosas, como retomarla desde el discurso médico científico, con la esperanza de desentrañar las sombras que rodeaban al período. La necesidad de un documento pretendidamente objetivo, se hacía evidente desde que la literatura producida en torno a la figura de Rosas había estado siempre marcada por el signo violento de la pasión política; obras insignes como El Facundo, de Sarmiento; La Cautiva y el El Matadero, de Echeverría; Amalia, de José Mármol; tanto como la Historia de la Confederación Argentina, de Adolfo Saldías; o la misma obra de Rivera Indarte, primero firme junto al régimen, y más tarde conspicua opositora; dan la idea de una literatura producida al calor mismo de los hechos, o dirigida por discusiones venales que lejos de esclarecer el panorama histórico a la manera en que un positivista como Ramos quisiera hacerlo, habían enardecido el suelo de la reflexión hasta la desesperación y la parodia. Sólo el interesante libro de Lucio Victorio Mansilla (sobrino de Juan Manuel de Rosas y uno de los mejores escritores de la literatura argentina) Rozas, ensayo histórico y psicológico, había intentado abrazar el problema desde una pretendida y difícil objetividad. Mansilla tuvo, al igual que Ramos, el problema de la cercanía histórica, aunque de un modo antitético; es decir, si a Ramos la escritura de Rosas y su tiempo le había traído problemas con los integrantes de la facción unitaria; a Mansilla su ensayo podía traerle problemas con los otros, es decir, con los viejos representantes de la facción federal.

La relación entre discurso médico y análisis histórico político fue uno de los signos que marcaron las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX; así fueron las lecturas que pretendieron leer el conjunto social a partir de una terminología propia de la medicina, que identificase los problemas de ese cuerpo social con la existencia y necesaria erradicación de enfermedades; abriendo el camino para que una serie importante de médicos y científicos ocupen lugares claves de asesoramiento al poder. Tomando como herramienta analítica el método positivo; trabajando el cuerpo de la historia, el cuerpo mismo de Rosas, como un forense que explora y lee en los tejidos los sucesos del pasado; Ramos luchó contra su propio sentido de la identidad y sus propias pasiones para lograr un fresco completo de la época, logrado a la manera de la mejor tradición historiográfica argentina. Si bien el libro busca distanciarse, por su método exhaustivo, del romanticismo impreso en las obras ya citadas de Sarmiento como de Echeverría; romanticismo eficaz para producir efectos de impresión, pero muy poco eficaz como método sistemático de estudio; Ramos retoma la técnica sarmientina desplegada en el Facundo y narra y describe situaciones o escenas mediante técnicas propias de la literatura, a partir de hipótesis históricas; es decir, construye un imaginario próximo a la ficción, a partir de un hipótesis históricas que entiende como verdaderas. Con su tremenda capacidad narrativa y descriptiva, así como su gran oído poético y su capacidad para construir metáforas, Ramos halla belleza en el período rosista; belleza en lo que entiende como deforme, belleza en lo terrible, belleza en la sangre derramada, en las cabezas frías, en las orejas saladas. Ramos Mejía fue, no sólo un insigne científico y un gran médico latinoamericano; también fue un gran escritor y un importante hombre de letras; conocer su obra es, por tanto, conocer la obra de una de las personalidades más intensas del siglo XIX de la América hispánica.

 


Ezequiel Vinacour

ezequiel@informedicajournal.org